Ireneo Leguisamo, el rey de los jockeys. Por José Narosky

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    LEGUISAMO AGN

    “Quienes más pueden dar, menos pueden pedir”.

    El 2 de Diciembre de 1985 moría un gran ídolo deportista: Ireneo Leguisamo. Era jockey. A las 14:30 de ese día, un paro cardíaco habia detenido para siempre los latidos de un corazón gastado ya, por esfuerzos, por lucha y también por emociones.
    Eraruguayo, en sus intensos y dinámicos 82 años, sólo los primeros, Legui –así le decían- 19 años los pasó en su Uruguay natal. Los 63 años restantes, los vivió “El Pulpo”, como cariñosamente lo habían apodado, en su querida Argentina.

    Solía decir:

    -“Tengo dos patrias. Uruguay en la que nací y la Argentina que me adoptó”.

    Es que realmente los dos países lo quisieron por igual y Leguisamo, los quiso también, con idéntico sentimiento.

    Mil anécdotas y numerosos récords engalanan su trayectoria. No tuvo hijos.

    Tampoco fue un hombre de gran fortuna, siendo el número uno de su profesión. Eso sólo, ya dice de su integridad moral.

    Cuando alguien antes de una carrera le solicitaba un consejo sobre la posibilidad de determinado caballo, él respondía:

    -“¿Quiere un consejo infalible?. Hágame caso. No puede perder”

    -“Sí. Como no. ¡Aconséjeme!”, maestro.

    -“Pues, no juegue…”

    Su primera carrera la corrió -y la ganó-a los 15 años en Salto, Uruguay. 55 años después, con más de 70 años, aceptó una invitación de Palito Ortega, dueño de un caballo, para correrlo en San Isidro. Lo hizo más por amistad que por el deseo de hacerlo. Haciendo honor a su profesionalidad y a la amistad, ganó esa carrera. Cuando lo felicitaban por el triunfo, con la humildad auténtica de los grandes, que no necesitan mostrar su grandeza, expresó: “gané si, con mis 70 años a cuestas, pero no por habilidad, sino, por pura suerte. El verdadero Jockey hoy, fue Dios.”

    Sus hazañas han sido innumerables, en Palermo en un día ganó 7 de las 8 carreras disputadas. Hizo suyo 5 veces el Gran Premio Nacional, la máxima fiesta del Turf.

    ¡Durante 14 años consecutivos, fue el jockey que más carreras ganó en nuestros hipódromos!.

    Su amistad con Gardel, es muy conocida. Pero no lo es tanto, el hecho que desde el día de la muerte del cantor y durante 10 años, Legui, no pudo oír un disco de su amigo. ¡Tanta era su sensibilidad!. Fue un hombre que se emocionaba fácilmente, por una palabra gratificante, por una flor, por una carta, por las cosas más pequeñas. Y agrego, “quien se emociona por lo simple, nunca es simple”.

    El tiempo le fue modificando el carácter. Le cambió el rostro, al que inundó de arrugas. Lo que no pudo modificar fueron los sentimientos de este noble soñador uruguayo. El transformó una habilidad natural para conducir un caballo, en un arte. Dicen que el animal no sentía su peso, hasta el momento preciso, nunca antes o después. Sus rodillas entonces presionaban y su cuerpo se balanceaba en un movimiento plástico.

    Creó incluso el nuevo tipo de apostador. El que apostaba al jockey y no al caballo. Muchos aficionados, confiaban en su golpe de vista, en la magia de sus manos, en su atropellada cronométrica. Y sobre todo en su honestidad profesional. Pensar que corrió 12 mil carreras y ganó casi 4 mil. En lo humano, fue humilde, jovial, totalmente sincero. Fue amigo de sus amigos.

    En esa lista estaban Gardel, Francisco Maschio, su preparador, Palito Ortega, Fangio. Sabía que un amigo más, era un mundo más. Y que al amigo verdadero, solo podía alejarlo la muerte.

    Esas características, privilegio de los espíritus superiores, hicieron nacer en mi este aforismo, producto de su dolor ante alguna ingratitud, que lo hería profundamente.

    “Los amigos golpean más hondo, porque estamos desguarnecidos”.

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